Un fantasma recorre Occidente, el fantasma del
pesimismo. Las falsas promesas, el deterioro del
planeta, el desencuentro entre las personas en la era de
la comunicación nos hace sufrir los padecimientos de un mundo
intolerable. No obstante, “lo que hace intolerable un padecimiento
no es sino una convicción, o bien una falta de convicción racional”.
De forma contradictoria, nuestra sociedad del bienestar se encuentra
constantemente insatisfecha, y eso causa en el individuo
un dolor insoportable. Esa cualidad de infinito comunicada al dolor
proviene de una disposición de ánimo llamada desesperación .
Desesperación que, en nuestros días, más que nunca, se concreta en
una actitud vital del todo perniciosa: el pesimismo, nuevo realismo
falto se sustento en la realidad. Pues lo cierto es que, en el mundo,
hay destellos de bondad. Es decir, el mundo es susceptible de llegar
a ser bueno, que no es ser muy bueno, pero ya es serlo y, como quiera
que sea, no es ser malo .
La diferencia entre el optimista y el pesimista es la siguiente:
donde el pesimista ve un problema, el optimista ve una oportunidad.
Y ¿qué es más realista, afrontar las vicisitudes de nuestra vida como
problemas o como oportunidades? ¿Cuál de las dos actitudes nos es
de mayor ayuda? Las oportunidades del optimismo, sin duda alguna
¿Acaso es esto engañarse? ¡De ninguna forma! ¡Este es el verdadero
realismo! Descubrir que la vida no es un problema, es una oportunidad.
Oportunidad de crecer, realizarnos, aprender, superarnos, amar
más y mejor ¿Qué es si no la vida del hombre?
El optimismo no consiste en negar o aceptar el mal, sino en mirar
la realidad de frente, correr en busca de la Belleza y no perder la
dignidad por el camino. Por que la Belleza, al fin, o no es nada, o es
una vida . Seamos realistas, la vida es bella.
¡Una lucha se libra diariamente en el corazón de cada hombre!
Ya que ser capaz del más grande de los bienes es ser capaz de perderlo
¡Qué tiemble el débil pensamiento del pesimismo ante un movimiento
optimista a favor del ser humano! La humanidad no tiene
en él que perder sino el vicio del error. Tiene un mundo que reconquistar.
¡Optimistas de todos los países, unámonos!
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